Sopa juliana casera

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La sopa juliana recibe su nombre de la manera en que están cortadas las verduras que la conforman, una técnica actualmente conocida como «corte en juliana» pero que en sus orígenes se denominaba «cincelar».

Esta técnica consiste en cortar las verduras y hortalizas de manera fina y alargada, con una longitud de unos 5 cm. de largo y unos 2 mm. de ancho, aproximadamente. Esto permite que los ingredientes tarden menos tiempo en cocinarse y que lo hagan de manera más uniforme, además de aportar una mayor vistosidad y armonía al plato.

El corte en juliana es uno de los cortes más antiguos en cocina, apareciendo escrito por primera vez en 1806, concretamente en el libro ‘Le Cusinier Impérial’. En cuanto al origen de su nombre, algunos autores afirman que puede estar relacionado con Jean Julien, el primer cocinero en publicar literatura gastronómica con información acerca de los distintos tipos de corte para preparar vegetales.

Aunque la sopa juliana puede encontrarse con sus ingredientes desecados, esta versión casera resulta mucho más sabrosa y aromática. Y es que se trata de una sopa jugosa y reconfortante donde predomina el suave sabor de la col y la tierna zanahoria, unido al apetitoso punto del tomate.

Pero además de ser un plato muy sabroso y muy fácil de preparar, esta sopa es muy hidratante y rica en nutrientes de alta calidad, pues conserva todas las verduras finamente cortadas, las cuales, además, sustituyen la pasta que otras sopas acostumbran a llevar, resultando así mucho más ligera y nutritiva.

A nivel nutricional, este plato es rico en flavonoides, fibra, aminoácidos, antioxidantes, ácidos grasos omega3, omega6 y omega 9, betacaroteno, licopeno, carbohidratos, alicina, aliína, vitaminas A, C, E, K y del grupo B (B1, B2, B3, B5, B6 y B9 o ácido fólico), azufre, boro, calcio, fósforo, hierro, magnesio, manganeso, potasio, selenio, sodio, zinc y, en menores cantidades, cobre.

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